
Una vez iba con mis dos mejores amigas por la casa de campo y decidimos subirnos al teleferico, como el teleférico parecía que estaba muy cerca campo a través elegimos tomar este camino en vez de seguir la carretera. Aclarar que era de día. Hacia las 3 de la tarde. Según andábamos por el campo vi una urraca albina y primero la seguí con la mirada y luego fui hacia ella. Llamé a mis amigas para enseñarle el hallazgo. Ellas eludiendo mis observaciones me instaron apresudaradamente a que nos fuesemos de allí. Yo insistía en el asunto de la urraca pero ellas insistían aún más en que nos largáramos. Detrás de un matorral una mujer africana ejercía su profesión con algún indeseable del que solo se le podría haber identificado el culo. Y lo que requería nuestros pies en polvorosa era que un par de tíos nos habían visto a lo lejos y venían con prisas hacia nosotras. Salimos de allí y recuperamos la senda de la carretera. En el trayectocuesta arriva pudimos observar una fila de mereteritas diurnas que terminaba con una alegre niña vestida de comunión que siguiendo la tradición celebraba con coleguillas y familiares su gran día en un restaurante de la casa de campo.
Estupefactas llegamos al teleférico y subimos ¡claro!
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